Regulación emocional

Escrito por  Magdalena Gaggino

La regulación emocional ha sido abordada desde diferentes enfoques a lo largo del tiempo debido a la gran relevancia atribuida a las emociones en cada momento del desarrollo del ser humano. Sin embargo, desde la revolución cognitiva se evidencia un notable interés en la investigación de todos los procesos de orden interno, siendo la regulación emocional uno de los comportamientos más estudiados, además de la cognición.

Según Ribero-Marulanda y Vargas Gutiérrez:

La regulación emocional, también llamada inteligencia o habilidad emocional –términos sinónimos  desde el paradigma cognitivo-conductual, como se evidencia en los resultados de este estudio–, se define como “la destreza de las personas y el proceso deliberado que requiere esfuerzo para atender y percibir los sentimientos de forma apropiada y precisa, la capacidad para asimilarlos y comprenderlos de manera adecuada y la destreza para regular y modificar nuestro estado de ánimo o el de los demás de manera voluntaria” (Mayer, Caruso & Salovey, 2000; Cabello, Fernández-Berrocal, Ruiz & Extremera, 2006; Eisenberg & Spinrad, 2004; Kooler, 2009) (Ribero-Marulanda & Vargas Gutiérrez, 2013, pp. 498).

De ésta manera, la inteligencia emocional es conceptualizada como una capacidad del ser humano para aumentar su calidad de vida; ya que entre otras cosas facilita la convivencia y la vinculación social. Asimismo, dicha capacidad permite evitar la impulsividad, y por lo tanto colabora en el ajuste al contexto inmediato de una forma adecuada y socialmente regulada (Ribero-Marulanda y Vargas Gutiérrez, 2013).

deditosEl Modelo de Proceso de Regulación Emocional de Gross (2002), sostiene que las estrategias de regulación pueden ser clasificadas en función del momento en el que tienen su primer impacto en la secuencia temporal del despliegue emocional. Siguiendo esta diferenciación, se pueden separar dos grandes mecanismos básicos. Uno de ellos reúne las estrategias “focalizadas en el antecedente”, que son aquellas que se realizan antes de que las tendencias de respuesta emocional estén enteramente activadas. Por otro lado, las estrategias “focalizadas en la respuesta” son aquellas que se implementan una vez que las respuestas emocionales han sido generadas. En este marco, dos herramientas son las que han recibido mayor
investigación empírica y experimental, por ser consideradas de uso frecuente en la vida cotidiana y por su impacto en momentos fundamentales del devenir emocional. La reevaluación cognitiva es una estrategia focalizada en el antecedente que hace referencia a la construcción de significados alternativos a un evento o situación, con el objetivo de disminuir su impacto emocional negativo. Por otro lado, la supresión de la expresión emocional es una estrategia focalizada en la respuesta destinada a inhibir la expresión conductual de la experiencia emocional (Andrés, Castañeiras y Richaud, 2014). Habitualmente, la reevaluación cognitiva es considerada una estrategia más adaptativa, mientras que la supresión de la expresión emocional ha mostrado ser una estrategia menos saludable, ya que a pesar de la inhibición de la expresión del afecto negativo, la experiencia permanece inmodificable o puede incluso potenciarse como producto de la discrepancia entre la experiencia interna y la expresión externa (Andrés, Castañeiras y Richaud, 2014).

En la actualidad, la regulación emocional es considerada un proceso dinámico, que puede mejorar mediante procesos educativos y el paso del tiempo (Ribero-Marulanda y Vargas Gutiérrez, 2013). Desarrollos teóricos y experimentales sostienen que la regulación emocional es una capacidad que se desarrolla en etapas tempranas y en el marco de relaciones diádicas. La relación  padre/madre-hijo ha sido uno de los vínculos que ha revelado ser de fundamental importancia para el desarrollo de estrategias de regulación emocional. Para ello, la mayoría de los padres emplean diversas estrategias tales como la intervención directa, el modelado, el reforzamiento selectivo, el control del ambiente e instrucciones verbales. Además, se ha encontrado que una de las variables fundamentales para el desarrollo de estrategias de regulación emocional es el apego entre el infante y sus padres, ya que influye en dicho proceso de aprendizaje (Diener, Mangelsdorf, McHale y Frosch, 2002). Por otro lado, una investigación de Calkins, Gill, Johnson y Smith, (1999) concluye que la reactividad emocional y la regulación emocional permiten predecir dos  comportamientos sociales claves en niños de dos años: la cooperación y el conflicto. Esto demuestra la importancia de la regulación emocional como prerrequisito para el desarrollo de diversas conductas socialmente relevantes.

Si bien las estrategias de regulación emocional en los niños pequeños suelen ser bastante primitivas, a medida que crecen, su repertorio de habilidades progresa y pasa de ser externo y conductual a estrategias más internas y cognitivas. Hacia los ocho o nueve años, los niños han aprendido a regular sus emociones mediante cogniciones o pensamientos acerca de sí mismos, sus sentimientos y los otros (Garnefski, Rieffe, Jellesma, Terwogt y Kraaij, 2007). Además, se ha probado que la reevaluación cognitiva como estrategia de regulación emocional posee un efecto mediador entre la personalidad y el bienestar en la población infantil (Garnefski, Rieffe, Jellesma, Terwogt y Kraaij, 2007).

regulacionemocional2En adultos, la regulación emocional ha sido asociada a un mayor bienestar; más particularmente las estrategias focalizadas en el antecedente (Schutte, Manes y Malouff, 2009). Por otro lado, dos estrategias de regulación emocional negativa tales como la rumiación y el ensimismamiento han sido postuladas como variables mediadoras entre el afecto negativo y la ansiedad  (Tortella-Feliu et al.2012). Asimismo, dificultades en la regulación emocional han sido reportadas en diversos trastornos tales como depresión mayor (Ellis, Vanderlind y Beevers, 2013), autolesiones (Gratz y Roemer, 2008) y trastornos de la conducta alimentaria (Calvo Sagardoy, et al., 2014; Danner, Evers, Stok, Elburg y Ridder, 2012), entre otros. Además, se ha postulado que el déficit en estrategias de regulación emocional puede actuar como mediador entre experiencias traumáticas y el desarrollo de sintomatología propia del trastorno límite de la personalidad (Gaher, Hofman, Simons y Hunsaker, 2013). Por otro lado, una investigación realizada por Heinzen, Koehler, Smeets, Hoffer y Huchzermeier (2011), plantea asociaciones entre rasgos de personalidad
psicopáticos y estrategias de regulación emocional desadaptativas.

En resumen, la regulación emocional es una habilidad necesaria para el adecuado desenvolvimiento en un contexto cambiante, que excede en muchas circunstancias las capacidades de afrontamiento de los individuos. Si bien las competencias necesarias comienzan a gestarse en edades muy tempranas, son fuertemente influenciables por la calidad de las interacciones sociales y continúan desarrollándose incluso hasta la vejez. Al tratarse de habilidades susceptibles de ser modificadas y entrenadas, el rol de los profesionales de la psicología cobra relevancia en éste contexto. Mediante las intervenciones adecuadas se puede ayudar a los individuos a generar estrategias de regulación emocional que pueden tener un impacto significativo sobre la calidad de las interacciones sociales, el nivel de bienestar (Schutte, Manes y Malouff, 2009), el desempeño en el ámbito laboral (Kavita Singh, 2008), entre muchos otros.

Bibliografía

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